El místico resto bar de Güemes abrió sus puertas en enero de 2007 cuando en la casona todavía no anidaban los locales comerciales que hoy la habitan. La experiencia de transitar los pasillos hasta descubrir el gran corazón de manzana era excitante. En ese reducto, un oasis en pleno centro de Córdoba, se podía disfrutar de algún espectáculo musical, de alguna intervención teatral, de unas ricas empanaditas caseras y de un cielo estrellado único que parecía derrumbarse sobre las pocas personas que misteriosamente no podían abandonar el lugar.
Con el tiempo la magia explotó: las paredes se llenaron de arte, los locales comerciales de color y diseño, y el resto bar llegó a su máximo extremo de calidez y se transformó en un clásico de Güemes.
Hoy la experiencia sigue vigente, llegar hasta el fondo del pasillo sigue siendo deslumbrante: las velas, los colores, la magia, la calidez del lugar, la música (que marcaron tendencia en el barrio) son los complementos justos para disfrutar no sólo de unas empanaditas de carne cortadas a cuchillo sino de unas ricas pizzas, tartas, picadas o sandwiches con pan casero, con un buen vino, por supuesto.
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